¡Aquí nadie se rinde!
Paradójicamente todas estas frases, pueden estar adaptadas también a la cotidianidad de lxs Colombianxs, un país donde se invierte más en la guerra que en la educación, un país acostumbrado a la precariedad laboral, la cual permanece con más fuerzas en estos tiempos de Covid-19. Digo, paradójicamente porque la UCMC es muy conocida como “La mini Colombia” y creo que no hay argumento alguno que sustente lo contrario.
Usted tal vez se esté preguntando por qué muchxs afirmamos que esta similitud es tan evidente, pero supongo que no hace falta tener 5 dedos de frente para saber que en la Universidad se han empeñado desde hace un buen tiempo, en reproducir prácticas que promueven y por ende sostienen el sistema capitalista-patriarcal de alguna manera, las cuales van en contracorriente de todos los motivos que guardamos en nuestro imaginario a la hora de querer ingresar a una universidad pública.
Es que dígame si no es confuso ser admitidx en una Universidad pública y de entrada tener que pagar como mínimo $800.000-$1.600.000 de matrícula (en algunos caso más), luego, a lo largo de los primeros semestres evidenciar ciertas acciones por parte de la rectoría y todo su cuerpo directivo que atentan brutalmente, en principio contra nuestros derechos educativos, y no contentxs con ello también en contra de nuestra privacidad, seguridad e integridad física y emocional. En algunos momentos pareciera que el propósito no es construir universidad en pluralidad, sino construir un panóptico para censurar todo aquello que se sale de sus principios godos y moralistas, juzgando cualquier pensamiento crítico que exista tanto en lxs estudiantes, como en lxs docentes y administrativxs.
Créame que cuando le hablo de esto, muchas emociones vuelven a mi como la frustración, indignación y rabia, pues no es fácil enfrentar esto en la Universidad día a día y como valor agregado también fuera de ella, porque infortunadamente quienes dirigen Colombia nos dan más de lo mismo, como si el único fin de querer “gobernar” un país fuese hacer de este el país más infeliz del mundo.
Pero bueno, no todo es tan malo, para fortuna nuestra tanto en el país, como en nuestra pequeña Colombia existe aún gente que le apuesta a la transformación, no hablo sólo de estudiantes, sino también de docentes y algunxs administrativos, que con sus prácticas diarias demuestran que vale la pena seguir soñando con un mundo diferente, con una Universidad diferente y aún más importante con una Colombia diferente.
Y es que últimamente he reflexionado en aquella magia que existe en la Universidad y evidentemente no es porque tenga a la mejor rectora de todo Colombia o porque lxs directivxs tuvieran en cuenta al resto de comunidad universitaria a la hora de tomar cualquier decisión, en definitiva no. Esa magia la pone usted, pero quiero que tenga en cuenta que con esto no quiero tapar toda la corrupción, intereses personales, prácticas machistas y todas las formas de atentados contra nuestra privacidad, libertad de expresión y derechos humanos; todo lo contrario, si bien para muchxs estos temas son más que conocidos, sé que para muchas personas estos temas no están tan claros, debido (posiblemente) al “buen” trabajo que desempeñan lxs dirigentes tanto de Colombia, cómo de la universidad, de la mano siempre de los medios de comunicación, censurando la verdad, manejando siempre el mismo discurso violento y engañoso, pretendiendo manejar una fachada ante tanta corrupción, desaparición y asesinato de jóvenes, estudiantes, niñxs y líderes/as sociales.
Es por esto, que desde Fogarada Violeta nos encargaremos de realizar un ejercicio informativo contrahegemónico y crítico, por y para nosotrxs, en pro de mostrar siempre la otra cara de la “verdad”, porque nuestras voces nunca más serán silenciadas.

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