Colombia, un país de libertades y derechos.
En el país de los desahogos sexuales, los derechos de las mujeres han sido históricamente vulnerados, un país de exclusiones, desigualdades y violencias sistemáticas fundamentadas en en el machismo y androcentrismo, en las diferencias físicas entre unos y otras, pero esto se ha ido derrumbando gracias al empeño de miles de mujeres. El aborto, es uno de los tantos derechos que más se violentan en mujeres, es entendido como un procedimiento para interrumpir el embarazo de una mujer cuando ella así lo decide, siendo un derecho amparado por la legislación colombiana bajo la Sentencia C-355 de 2006. Colombia como muchos países es restrictivo con el libre ejercicio de este derecho, generando que las mujeres recurran a interrupciones o abortos realizados de manera ilegal e insegura, poniendo en grave peligro su vida y su estado de salud, como posible solución a esta situación la banca “Provida” conformada por congresistas que se oponen al derecho del aborto en el país explican la primera iniciativa que presentarán en el Legislativo: “dar un subsidio a las mujeres violadas, durante un año o más, para que no aborten” violentando los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. El senador John Milton Rodríguez lider de la bancada “provida” señala que el Estado debe ser garante y al no poder proteger a la mujer, se debe proveer un mínimo vital, inclusive aún después del nacimiento del bebé, mínimo un año. Una vez más vemos como los machos opresores deciden sobre el cuerpo de la mujer, violentando su autonomía imponiéndoles una maternidad no deseada. Luchamos por el aborto legal y luchamos por una transformación profunda en las estructuras sociales, para que al final las mujeres seamos libres, dejando de lado la clandestinidad y viendo el aborto como justicia social, porque si el aborto es ilegal es feminicido estatal, las mujeres no pedimos poder abortar, las mujeres exigimos aborto legal, seguro y gratuito, por el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo. Nuestro derecho y nuestro cuerpo no son territorio de conquista y menos ante aquéllos que creen darnos; quitándonos, si, efectivamente quitándonos la voz, el aliento, la vida y la decisión, jugando con nuestro dolor, manipulando y excusándose en la vida, claro, la vida obligada y expuesta, la vida violentada, tan sagrada para este país, para estos hombres, para todos menos pero aquella, que en carne y lágrimas se ve obligada a ceder, a la presión a aquel lema de la "Colombia Justa y libre", aquel partido que pretende no abandonarnos, despojándonos de nuestro sentir y de nuestra propia carne. Retrocedemos y probablemente no lleguemos a ningún lado, situaciones manejadas y premeditadas por nuestros opresores, por aquellos que no han sentido en sus pieles aquel ardor de tener esa voz apagada, no pueden envolvernos, no pueden amarrarnos, no pueden controlarnos. Nuestra dignidad, nuestro cuerpo ¡El nuestro! No incumben ni al estado, ni a John Milton Rodríguez, ni a la parranda de católicos de corbata que, acostumbrados a decidir por nosotras, creen que son la moralidad y la verdad inequívoca. Con nuestro útero, con nuestro cuerpo, con nosotras ¡No más! Hasta nunca, nuestra voz, nunca más apagada, encendida en llamaradas juntas, desembocando en inevitables fogaradas constantes y viole(n)tas. En efecto, como se menciona en el título de esta columna, Colombia si es un país de libertades y derechos, violentados y reprimidos por un gobierno criminal y asesino. Toda nuestra tierna furia y toda una vida de lucha, hasta encontrarles, hasta verles libres. hasta que ni una más, hasta que haya verdad y justicia, Hasta siempre con ustedes, Fogarada Violeta.

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