“Habíamos comido miedo al desayuno, miedo al almuerzo y a la cena, miedo; pero no habían logrado convertirnos en ellos.” Eduardo Galeano
A lo largo de la historia Colombiana hemos estado inmersos en una constante guerra entre la vida y la muerte, el paramilitarismo sigue vigente, con nuevos títeres y cobrando vidas de personas inocentes, pues para nadie es un secreto que en un país como el del Sagrado Corazón vivir o que te dejen vivir es cuestión de suerte.
El miedo, la rabia y la frustración me invade, sabía que se avecinaban tiempos complejos de largo aliento, en donde lo que se había construido iba a tener grandes retrocesos en términos sociales y políticos, recuerdo ese sin sabor al momento de enterarme quién sería nuestro mandatario durante cuatro años y la certeza de que la seguridad democrática llegaba y con más fuerza, sin embargo, no había otra salida que asumir ese “nuevo reto”, ser fuertes, llenarnos de amor y convicción para seguir manteniéndonos en pie de lucha, (algo que no era nuevo) para seguir apostándole a una transformación.
Recordemos que nuestra tierra ha estado marcada históricamente por ríos de sangre en donde miles de asesinatos a sangre fría, masacres, atentados, exterminios, desapariciones, desplazamientos forzados, y un sinfín de situaciones, han sido las protagonistas, esto me hace pensar y asegurar que la mayoría de la población no es “digna” de vivir, sentir, pensar, hablar; Es decir no somos dignxs para gozar de ningún derecho, los cuales están plasmados en miles de hojas en una constitución impecable, tanto así que a la hora de implementar lo mencionado allí existen múltiples vacíos, pues en uno de los artículos se hace mención a lo importante que es la vida y debido a esto que el estado será el garante de cuidar y proteger la misma, pero no hay mención en algún parágrafo donde se diga que el estado es el principal protagonista del silencio, las desapariciones, la violencia y las guerras en nuestro país, es necesario resaltar que aquí sólo tienen voz las grandes esferas, la élite, el paramilitarismo, en otras palabras el narco estado; dejando a un lado la voz de nosotrxs, el pueblo.
Hemos normalizado tanto la violencia estatal que las masacres, los asesinatos y las desapariciones son sólo cifras que van en aumento, es un luto y preocupación momentánea mientras vemos la noticia, nos encanta tapar la realidad así como lo hace el gobierno, prueba de ello diversas noticias que nos hacen omitir lo que está pasando en estos momentos por toda la información que nos transmiten a diario, podemos tomar como ejemplo la emergencia sanitaria por el COVID 19 (un virus que no ha sido tan letal como lo ha sido el gobierno), las fumigaciones con glifosato, o con las noticias de último momento sobre Alvarito, es necesario hacer un pare aquí para mencionar que sí nos alegramos con la orden de la detención domiciliaria de Alvaro Uribe Velez, pero eso, no es más que paños de agua tibia, hasta que no exista una verdad, reparación y justicia,¿Qué?,¿Seguiremos aplaudiendo la negligencia de la Corte Suprema de Justicia?
No es un juego, regresamos a inicios del siglo donde si no te mataban las injusticias sociales, el hambre o los paramilitares, te mataba el estado, aunque pensándolo bien, nunca hemos salido de allí y en estos momentos es más evidente esa situación tan atroz, 10 masacres en aproximadamente mes y medio, Arauca, Cali, Samaniego, Tumaco, El tambo, Santander, Catatumbo, Ricaurte, Caloto y Algeciras, en donde se han registrado alrededor de 40 personas asesinadas, son nuestrxs hijxs, hermanxs, tíxs, sobrinxs, amigxs, mañana puede ser usted o yo, mañana podemos ser nosotrxs. Son sueños, son familias, son vidas, no son cifras, no son objetos, son testigos de un país indolente, apático e indiferente.
Arrancan la vida, destruyen familias y la institucionalidad sólo realiza suposiciones, mancha el nombre de las víctimas y en vez de esclarecer los hechos revictimiza, estigmatiza y violenta a las familias, como por ejemplo el general del ejército Jorge Vargas, quien mencionó que las víctimas de la masacre en Samaniego al parecer eran miembros de bandas de narcotraficantes, asimismo, siempre se ha querido suavizar la realidad con términos “delicados” y bien estructurados, porque de esta manera se logra apaciguar la realidad y mitigar los efectos que se pueden generar al utilizar términos concretos, el nombrar un “homicidio colectivo o múltiple”, no resulta tan alarmante como “múltiples masacres” esos términos han sido utilizados últimamente ante la crisis de emergencia social por el Presidente Duque, el Ministro de Defensa, y ahora los medios de comunicación, con el fin de negar el incremento de las masacres y asesinatos a jóvenes, líderes y lideresas sociales, estudiantes e Indígenas, dando paso a una normalización de una ola de violencia generada por “grupos desconocidos”.
Y es aquí donde la rabia, impotencia y dolor juegan un papel relevante en las familias de las víctimas, en donde deben posponer el duelo de la pérdida de sus seres queridos para dar la batalla y esclarecer los hechos (por sí mismos), limpiando el nombre de sus seres queridos, exigiendo la verdad y justicia a un estado negligente, violento y criminal.
Colombia no necesita de eufemismos, Colombia necesita que se reconozcan estas atrocidades por su nombre, necesitamos respuestas y acciones frente al derramamiento de sangre en estas masacres a manos de grupos armados, necesitamos que se le de la importancia necesaria a estas situaciones, y aunque el miedo sea una de sus herramientas no nos callaremos, porque esta generación ya no tiene miedo, ya nos quitaron todo y sólo nos queda dar la pelea, no pensamos olvidar, ni perdonar, porque no nos hemos ido y no nos iremos hasta que hallemos respuestas, por todas y todos a quienes han silenciado las balas, la represión, la violencia, porque en el país del sagrado corazón “matar no es delito si el asesino es el estado”.
Desde Fogarada Violeta, rechazamos los hechos que han ocurrido y se han incrementado durante estos meses, reivindicamos la vida y mantenemos la esperanza, les extendemos la invitación a juntarnos, conspirar y crearnos un mundo mejor, desde el amor, la unión y la rebeldía, que todo esto sea una excusa para construir desde nuestra cotidianidad y alcance alternativas de resistencia, con nuestrxs compas, en el barrio, la universidad, nuestra familia, no queremos que se siga derramando la sangre de nuestrxs hijxs, hermanxs y compañerxs, ni llorarlos diariamente, ni perdón, ni olvido.
¡Ante la pasividad del estado, digna rabia, fuerza y rebelión, el dolor del pueblo no es un juego, nuestras vidas se respetan!
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