Sembrando vida construimos comunidad.


“Vamos a llamar a nuestras ancestras, a ellas, a las que abrieron camino en el norte. Y encendemos su luz, y nos distribuimos nuestras velas, nuestra luz que traemos. Donde sale el sol, hermanas. Allá donde están haciendo la limpia también, y donde este territorio está siendo limpiado de esas trasnacionales de muerte, está siendo limpiado de esos genocidios, está siendo limpiado de esos feminicidios.”

Feministas de Abya Yala


La defensa del territorio desde la concepción cuerpa-tierra marca la lucha fundamental para las mujeres del campo, al evidenciar la violencia en las cuerpas de las mujeres reconocemos que estas están directamente relacionadas con la violencia en el territorio, asignando roles que trascienden específicamente al área rural sosteniendo el patriarcado, invisibilizando y desvalorizando el trabajo productivo de las mujeres.

 

Se destaca la relación entre el patriarcado y el capitalismo siendo los primeros generadores de las prácticas estructurales y extractivistas que afectan el territorio, el ser y la cuerpa de la mujer. 


En el campo de la agricultura, las mujeres jugamos un papel importante pues enfrentándonos a los diversos retos enmarcados en categorías de lo “público” y lo “privado” somos generadoras de procesos de producción, cosecha, preparación y distribución de los alimentos; teniendo en cuenta la nutrición, el hambre, el abastecimiento, la accesibilidad, la calidad, la textura, el sabor, los saberes y la elaboración para cultivar, recoger, cuidar las semillas y el agua, siempre contando con las mujeres campesinas para garantizar el real cumplimiento de la soberanía y autonomía alimentaria.


Teniendo en cuenta lo anteriormente mencionado, podemos observar que la mayoría de las mujeres y niñas campesinas tienen escasas oportunidades en el mercado laboral, pues su papel se ve cosificado por maternidades no deseadas, llevándolas a tomar decisiones de trabajo informal estando expuestas a mayores riesgos, pues la seguridad social es paupérrima, los riesgos eminentemente altos afectando la autonomía y los derechos de las niñas y mujeres campesinas. 


Por otra parte, las mujeres campesinas han participado de forma activa y masiva en los momentos de lucha, en la toma de las tierras, en movilizaciones y acciones por los presos y presas como la batucada “la tremenda revoltosa” en bogotá; en la defensa del territorio y sus comunidades desde diversas organizaciones como las mujeres por la defensa de la tierra y la autonomía en Pisba - Boyacá. Por esto la presencia de las mujeres campesinas ha marcado una parte de la historia, una historia contada por ellas desde el papel de actoras sociales, permitiéndonos ver participación femenina desde lo rural como forma de resistencia y  digna rebeldía. 


Este otro mundo fuera de todos los demás que conocemos, del cual hoy hablamos, este mundo rural femenino especialmente excluido de los mundos capitalinos y escolares al que pertenecen las mujeres campesinas les debe vida, alimento y cuidado, y aun así a pesar de sus grandes esfuerzos por procurar el bienestar de nuestra tierra, se encuentran privadas de sus libertades, a partir de esta privación queda un marca, la marca de la incapacidad incrédula, la incapacidad de ser, de sentir y de soñar. 


Condiciones laborales disminuidas e infravaloradas, pagos atiborrados de precariedad, ambientes violentos y agresivos, competitivos e inmorales que nos llevan a pensar una y otra vez lo mismo, “incapaces” otra vez, ¿Cómo puede ser que sea posible?; Pues lo es debido a la falta de alfabetización rural, la carencia de seguridades reafirma la entrada de juicios que permean actitudes y formas de vivir, permean nuestras feminidades y nuestras actitudes, nuestro trabajo y nuestra vida ¿Debemos permitirlo?, ¡Por supuesto que no! Abierta esta la invitacion, alcemos la voz, explotemos de amor, eduquemonos unas a otras, y cuidemos nuestra tierra y nuestro mundo con el mismo cuidado que nuestras mujeres campesinas, que nuestras madres fraternas; para construir, para vivir, para soñar un mejor mañana.


Es de especial importancia entender y reconocer a las mujeres campesinas han participado de forma activa y masiva en los momentos de lucha, en la toma de las tierras, en movilizaciones y acciones por los presos y presas como la batucada “la tremenda revoltosa” en bogotá; en la defensa del territorio y sus comunidades desde diversas organizaciones como las mujeres por la defensa de la tierra y la autonomía en Pisba - Boyacá. Por esto la presencia de las mujeres campesinas ha marcado una parte de la historia, una historia contada por ellas desde el papel de actoras sociales, permitiéndonos ver participación femenina desde lo rural como forma de resistencia y  digna rebeldía. 


Democratizar la tierra, ejercer soberanía alimentaria, concientizar sobre la autonomía de la reproducción sexual y vivir libres de violencias, es tejer y resistir en  común unidad, Fogarada Violeta. 


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