Paro Nacional - 21 S
Ayer, 21 de septiembre de 2020 se nos convocó una vez más a lxs Colombianxs a unirnos en una sola voz. En esta ocasión la represión del estado y la brutalidad policial, fueron los focos centrales para salir a las calles a causar un poco de incomodidad y llamar la atención del resto de habitantes de nuestro país.
Colombia desde el inicio, ha estado marcada por una constante de violencia, asesinatos y corrupción. Llevamos décadas (o mejor siglos), pidiendo a gritos un cambio, pero existe un conformismo marcado en el diario vivir de nuestra gente, lo cual determina una especie de “fracaso” cada vez que se intenta. En realidad no puedo atreverme a llamarlo en su totalidad un fracaso, porque a pesar de todo cada día veo que algunxs no han perdido la esperanza. Una esperanza que empezó a resonar con fervor aquel 21 de Noviembre de 2019, luego de que nuevamente el abandono estatal se hiciera latente, haciendo notar la existencia de una necesidad primordial que busca nutrir intereses lucrativos, en vez de generar acciones para que lxs colombianxs tengamos una vida digna.
Este gobierno actúa como si anduviera en busca del regreso a la guerra, a esos tiempos oscuros en que se destruyeron miles de vidas. Es necesario aclarar que estas heridas no se sanan por completo y hoy, volvemos a sentir el dolor de ver masacrados a nuestrxs hermanxs, hijxs, padres, abuelxs, tixs y compatriotas. Estamos cansadxs de llorar nuestros muertxs.
Lo paradójico del asunto es que en una movilización donde salimos a protestar en contra de estos abusos de poder (los cuales arrebataron la vida de distintas personas) es dispersado este ejercicio con violencia y crueldad hacia los manifestantes.
Ayer hubo varios puntos de encuentro para llevar a cabo esta jornada de Paro Nacional en Bogotá, unxs en Caravana y otrxs a pie, algunxs desde el Sur de la Ciudad, desde Ecopetrol, Parque Nacional y otrxs desde la Universidad Nacional; todos con un punto de llegada diferente.
La jornada inicia con varias personas reunidas con ganas de gritar con fuerza todas estas brutalidades por parte de la fuerza policial, por la falta de garantías laborales no sólo con el Covid-19 sino también antes, pues las condiciones siguen siendo deplorables, todo se desarrolla con normalidad, hay acompañamiento de Derechos Humanos y Gestores de Convivencia y la movilización se lleva de manera pacífica.
A la hora de llegar a los diferentes puntos, la presencia de ESMAD y fuerza disponible empieza a duplicarse, ejerciendo presión hacia lxs manifestantes para que dispersen los bloques que se habían formado en diferentes vías y espacios públicos. Después de un buen tiempo y sin oportunidad de idear algún plan de contingencia se empieza a escuchar entre lxs defensorxs de DD.HH y Gestores de Convivencia: “Al parecer ya dieron orden de intervención” “No creo acá en la plaza la gente está tranquila” “alertemos a los esquemas, es probable que nos estallen” la comunidad sin entender lo sucedido y con el miedo corriendo por su cuerpo decide mantenerse firme en su ejercicio legítimo de protesta social, mientras las tanquetas se acercaban y amenazaban de nuevo sus vidas.
Mientras la tarde se ocultaba, las tanquetas hacían presencia y respaldaban el operativo de intervención por parte de la policía “Vamos a darle vía a esto, ya” era lo que se escuchaba por parte de la fuerza policial, mientras lanzaban gases a la comunidad y capturaban otro tanto de personas, con violencia y vulneraciones de sus Derechos Humanos.
La noche se hacía más oscura y lxs capturadxs incrementaban, el miedo y la indignación nuevamente inundaban los barrios y plazas centrales pues de nuevo teníamos personas desaparecidas y heridas por parte de la fuerza (violenta) pública. Los medios tradicionales y encubridores de nuevo emitían información errada y conveniente, con el fin de proteger y lavar la imagen de la institución que más masacres ha generado en todo el país.
Gracias a estas instituciones, Colombia no pierde su esencia violenta y corrupta. No, Colombia no es el país más feliz del mundo, Colombia es el país más podrido y corrupto del mundo.
Algo que nos tranquiliza y nos da un poco de esperanza es la postura y decisión que emitió la corte suprema ante la intervención sistemáticamente arbitraria por parte de la policía, calificando la forma de acción del ESMAD como impulsivo, sustentando que estas acciones “representan un riesgo, una amenaza seria y actual para quien pretenda salir a movilizarse para expresar pacíficamente sus opiniones”, de tal modo que emprendió un proceso investigativo, con acciones claras y concretas para el control de la fuerza desmedida en las intervenciones propias del ESMAD, exigiendo en un principio la realización de un protocolo público de intervención teniendo en cuenta que esta debe estar guiada por la legitimidad de la protesta (sin violentar ningún derecho humano) y de ser así emprender una investigación de un tiempo no mayor a seis meses, con el fin de adelantar las acciones legales necesarias contra los agentes. Así mismo se debe tener en cuenta al inicio de las intervenciones a lxs defensorxs del pueblo, con el fin de compartir el modus operandi en cada situación.
Por último y para resaltar, la decisión anterior por la corte se da gracias al arduo trabajo de las diferentes organizaciones de DD.HH pues es desde allí que se han generado varios trabajos de sistematización y denuncia, las cuales fueron revisadas por este ente supremo.
Son pequeñas victorias que nos llenan de esperanza y motivación. Seguimos resistiendo desde los barrios y las calles.
Fogarada Violeta.

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