Resistiendo por la vida.

Las paredes evidencian día a día las aberraciones y crueldades perpetradas por la institución policial hacia la población colombiana, desafortunadamente estas no logran hablar por sí solas, sino es el pueblo el que hace que estas hablen. 


¿Qué dicen las paredes de cada CAI en los barrios populares? ¿Qué escribir cuando han matado a más de 13 personas de manera sistemática en menos de una semana? ¿Qué podemos decir cuando estos asesinatos fueron ejecutados con armas pertenecientes a funcionarios públicos? ¿Podemos callar ante dichas atrocidades?


Es difícil sentarse a escribir y realizar un recuento de todo lo sucedido desde la madrugada del 09 de Septiembre al día de hoy, sin sentir que el corazón se nos aflige, sin que nos invada esa conocida y popular sensación en Colombia de desesperanza, miedo, frustración y rabia, digna rabia, porque nos arrebatan la vida y aún así seguimos siendo quienes desatamos los peores escenarios de violencia y “vandalismo” y los policías siguen siendo aquellos héroes que matan, reprimen y violan a toda la población, vendiendo así su discurso de seguridad ciudadana en el cual se camufla y se esconde este grupo armado a disposición del estado. 


El panorama del 09 de Septiembre empieza a tornarse oscuro en horas de la madrugada, en el barrio Santa Cecilia, en la localidad de Engativá, cuando 2 agentes de la Policía Nacional golpearon y propinaron varios choques eléctricos con sevicia a Javier Ordoñez, un abogado y padre de familia, el cual según evidencian varios relatos era también una persona identificada por los agentes policiales de la zona. Javier, otra víctima más de la institución asesina y corrupta (PoNal) es golpeado brutalmente y asesinado en el CAI de Villa Luz, es trasladado a la Clínica Santa María del Lago, donde afirman que Javier había llegado sin signos vitales.


Esta noticia desata toda la furia y odio ciudadano ante esta institución, lxs habitantes no dieron espera para organizarse ante este hecho en diferentes barrios, convocando a plantones en los diferentes centros de atención inmediata. Lo que no se esperaban era una manifestación contundente de personas habidas de justicia, pues no era el primer caso de abuso policial y la comunidad tras largos meses de cuarentena no dudó ni un momento en pronunciarse ante tal suceso.


Lo que esto desata no es nada alentador, al pasar las horas, las calles se iban llenando de luz, una luz inigualable, llenando de esperanza nuevamente a la población, en cada barrio un CAI ardía  y en nuestras manos veíamos la oportunidad de dar un vuelco importante a la “normalidad” policial, pero el pequeño triunfo se iba interrumpiendo poco a poco, con el sonido ensordecedor de las balas chocando contra los cuerpos de quienes se manifestaban exigiendo el respeto a la vida. El panorama oscurece con la noche y múltiples operativos inician. Las persecuciones, asesinatos, golpizas, desapariciones y robos por parte de la fuerza pública no dan espera, las calles de nuevo se llenan de miedo y las redes se inundan de videos y fotos que dan cuenta de los asesinatos que no se registran en CityTv. 


Los esquemas de Derechos Humanos empiezan a realizar trabajo de campo, pero esto no amortigua la situación, lxs defensores también son violentadxs brutalmente y las bases de datos inician a colapsar, la jornada termina con alrededor de 7 personas asesinadas y más de 200 heridas, las familias y amigxs lloramos a nuestros muertxs, sí una vez más. 


El 10 de Septiembre nos despertamos con más indignación que antes, nos despertamos con la llamada digna rabia recorriendo todo nuestro ser, diferentes puntos llaman a movilización y nuevamente plantón, en Sanitas las compañeras se manifiestan en contra de la violación de Laura en el centro médico Sanitas por el ginecobstetra Ernesto Ortiz, en el marco de este plantón una mujer es golpeada por parte de un agente de la fuerza disponible, dejandola en shock y con la boca rebentada, la mujer es auxiliada por defensoras de Derechos Humanos y al llevarla al centro médico cercano Sanitas, la atención es negada por un par de horas. 


Mientras en este punto se manifiestan, en otras partes se llevan a cabo diferentes manifestaciones, en las cuales el ambiente empieza a tornarse confuso y terrorífico, pues diferentes individualidades salen en defensa de la fuerza pública, atentando de esta manera contra la integridad de lxs manifestantes, dejando en el aire un pequeño sinsabor, pues ahora la comunidad no se enfrentaba contra el brazo armado del estado, sino también contra sus propixs vecinxs quienes paradójicamente también se encuentran armadxs. Esta jornada termina con un ascenso a 10 personas asesinadas por parte de la fuerza pública, entes con prácticas cuestionables dentro de los barrios, más de 100 personas reportadas en las comisiones Derechos Humanos y más miedo en las calles que antes.


Y así sucesivamente transcurre la semana, con nuevos casos de abuso policial y violación a mujeres por parte de los mismos, con más vecinxs “productivos” limpiando las pintas que datan los abusos ejercidos por la fuerza pública, con centros de atención inmediata convertidos en Bibliotecas comunitarias, con representaciones artísticas y con alerta organizativa en los barrios, pues por más escenarios institucionales de reconsiliación el enemigo vive y habita nuestros mismos espacios.


Iván Duque no asiste a un acto “conmemorativo”, propuesto con la intención de empezar a tender puentes con la sociedad civil, (así es la famosa silla vacía, versión 2.0), su bancada saca las uñas por la expresión de la alcaldesa Claudia López, tergiversando la discusión actual que requiere de toda la atención, centrándose en debates personales y de egos políticos que dejan nuevamente a la población sin respuestas y propuestas frente tales hechos tétricos. Duque admira a la institución policial, la policía no sigue protocolos de nadie, nosotrxs seguimos siendo asesinadxs, nuestros derechos siguen vulneradxs y el estado sigue dejando muertes en nombre de la seguridad.


Colombia no ha pasado la página, la seguridad democrática sigue vigente y los barrios siguen peligrando, no quiero llorar a más compañerxs. No estamos dispuestxs a dejar que el miedo se apodere de nuestros barrios, universidades, calles y trabajos; si nos callan de nuevo gritamos más fuerte, porque el miedo cada vez está más de nuestro lado, pues al reconocerlo, en colectividad lo superamos.


Desde Fogarada Violeta les extendemos un abrazo sororo y lleno de resistencia popular, en las calles seguimos acompañándonos. Rechazamos todo acto de engaño, intento de desinformación y toda práctica reproducida tanto por la fuerza pública, como por ciertos civiles, porque queremos nuestros espacios libres de prácticas paramilitares y fascistas.


Con fuerza, amor y digna rabia, Fogarada  Violeta.

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