Volviendo a la tierra se vuelve a la raíz.



“Cogollo de toronjil

cuando me aumenten las penas las flores de mi jardín han de ser mis enfermeras y si acaso yo me ausento antes que tu arrepientas heredarás estas flores ven a curarte con ellas” Violeta Parra, La Jardinera. 


La tierra y por ende las plantas han sido ancestralmente nuestras más grandes cómplices, pues nos han acompañado abortos, dolores menstruales, cuadros de ansiedad y hasta nos han asistido en las más profundas depresiones. 


Cultivamos para sanar y entrar en conexión directa con las vibras de la pachamama, cuando nuestro cuerpo interactúa con las semillas y la tierra se genera una sinergia inexplicable, pues tanto las mujeres como las plantas somos seres de raíces fuertes, raíces que nunca han podido quebrar, raíces a las cuales hemos vuelto una y mil veces. 


Nuestro cuerpo ha sufrido históricamente diferentes opresiones y violencias, despojándonos de nuestra integridad y dignidad, las nuevas formas de guerra han desarrollado toda una inteligencia militar basada en aquella pedagogía de la crueldad, en donde nuestros cuerpos como la tierra son botín de guerra. Si en los enfrentamientos alguno de los bandos “conquista” algún territorio (cuerpo-tierra) esta es la mayor victoria que escribe tácitamente la derrota del contrincante. 


Por lo tanto estas violencias, producto del sistema capitalista y patriarcal nos han afectado directamente, pues se ha generado una ruptura entre la conexión natural que tenemos con la naturaleza, reforzando propiamente aquel pensamiento filosófico antropocéntrico, en donde se descarta completamente la posibilidad de reconocer la fragilidad humana y la interdependencia natural de lxs seres humanxs.


Prueba de ello es la necesidad de suplantar los poderes medicinales de las plantas, con los medicamentos químicos desarrollados por la ciencia, desconociendo los saberes ancestrales y de esta manera imponer todas las prácticas y saberes propiamente de occidente, sustentando así su discurso en pro del desarrollo.


La ciencia desconoce completamente los poderes que las plantas medicinales tienen para prevenir y sanar enfermedades en lxs seres vivxs. Desafortunadamente estos desconocimientos no sólo se han dado por parte de comunidades afines al sistema, sino extrañamente, también ha sido por parte de algunos opositores al mismo, confuso ¿No cree?


Para nosotras también fue complejo en algún momento realizar este análisis, pues en teoría estos personajes históricos y revolucionarios, peleaban por la liberación de los pueblos, pero como es de costumbre, todos y cada uno de ellos cayó en el hoyo profundo de la incoherencia y el ego adulador que alimenta el poder.


Por todo lo anterior, queremos que usted quien nos lee, realice su propia lectura de aquellos vicios históricos que han marcado las luchas revolucionarias en América Latina y cómo estos han trascendido a nuestros días, volcando todo tipo de opresión hacia los pueblos originarios y triplemente a las mujeres de estos pueblos, quienes han sufrido múltiples vulneraciones tanto en sus cuerpos como en sus tierras.


Las integrantes de Fogarada Violeta estamos convencidas que la única manera de dignificar y respetar la vida humana, es apropiándonos de nuestros territorios (Cuerpo-tierra) y emprender un camino lleno de monte, en donde nos encontremos con otras semillas que quieren germinar.


Nuestras luchas son y seguirán estando enmarcadas en el respeto por la vida digna, con lxs nadie, con lxs que sobran; porque es allí donde siempre hemos pertenecido.


Resignificando la vida y tejiendo lazos rebeldes, Fogarada Violeta.


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