Duele muchísimo, pero sigo transitando este camino.




“Yo te llevo dentro, hasta la raíz
Y por más que crezca, vas a estar aquí
Aunque yo me oculte tras la montaña
Y encuentre un campo lleno de caña
No habrá manera, mi rayo de luna
Que tú te vayas”
-Natalia Lafourcade


El 10 de Marzo del 2000 en los Montes de María, ubicado en el departamento de Bolívar llegaría el bloque paramilitar “Héroes de Montes de María” conformado por 60 personas, esto con el fin de realizar un operativo en contra de los colaboradores de la guerrilla. Reunieron a todas las personas en el centro del lugar con gritos e insultos, los formaron y un hombre encapuchado sacó una lista donde se encontraban los supuestos nombres de quienes eran partidarios de la guerrilla. 


Tal vez por milagro, suerte o casualidad la persona con la lista recibió una llamada, donde le notificaron que la nueva orden era no matar a nadie. Sin embargo, la única condición para que continuaran con vida  fue que debían irse en ese instante del territorio, debían dejar sus hogares y tratar de empacar los recuerdos en una maleta. 


Así fue como al día siguiente 11 de Marzo cerca de 300 familias iniciaron un nuevo capítulo en Maria la Baja y en la zona de Las Brisas aparecen 11 cuerpos colgados, golpeados y cortados con machetes, tras la acusación de ser supuestos colaboradores de la guerrilla. Haciendo parte de la historia sangrienta, dolorosa y rota de Colombia. 


“Durante el desplazamiento, las mujeres no teníamos ni voz ni voto frente a los asuntos de interés de la comunidad y aunque en algunas ocasiones nos permitían participar en las reuniones, nuestras opiniones nunca eran tenidas en cuenta. Fue entonces, cuando decidimos organizarnos y crear nuestro colectivo. Lo primero en que pensamos fue en buscar una ayuda para sanar nuestra parte emocional, veíamos como muchas mujeres lloraban y sufrían en silencio, lo que indicaba que no habían podido superar el duelo que les había ocasionado el desplazamiento.” Juana Ruiz, Tejedora de Mampujan.


Sin duda fue un camino doloroso el que pasaron todas estas familias, por culpa de toda una estructura social que margina, violenta y mata a diario, tenemos distintos actores que hacen lo posible porque sea imposible el respeto a las vidas; un estado fascista y patriarcal, el narcotráfico,  grupos paramilitares, la policía, quizás las guerrillas y hasta esa persona que disfraza de “buenas intenciones” la discriminación o la violencia.


¿En algún momento Colombia podrá empezar el recorrido hacia la paz y reconciliación? A primera vista pareciera que no, pareciera que estamos en un ciclo violento que nunca acabará, pues las noticias de una nueva masacre, de un joven muerto, un feminicidio, una lideresa social amenazada, un ambientalista desaparecido u otra mujer violada no cesan, parecen ser el pan del día a día.


Pareciera impensable, pero precisamente por esa lejanía es importante recordar que la paz no es un objetivo, es un camino doloroso, que muchas veces se querrá abandonar, que da miedo y se siente solitario, como la última vela que trata de sobrevivir en la noche oscura y fría.


Un camino silencioso que probablemente Juana Ruiz de Mampuján y la comunidad que la acompaña ha transitado. ¿El método? No existe, cada quien sana a su forma y ritmo, sin embargo las mujeres de Mampuján encuentran entre hilos, telas de colores, creatividad y vulnerabilidad formas de contar su historia, mostrar las distintas violencias por las que han transitado. Cortando algunos retazos de tela, luego dándoles formas y nombres para finalmente dar vida a un recuerdo doloroso, toda una construcción colectiva entre las tejedoras que aprovechan el espacio para contar sus historias y sanar entre el amor y abrazos que buscan curar corazones.


Sin duda una forma de lucha y de construir memoria, de retar todos los discursos que están en pro de la guerra, demostrando cómo el dolor y la violencia en algunos casos puede terminar en iniciativas que den voz y reivindiquen a las víctimas en un país que ignora y silencia a quienes más han maltratado. Demostrando que la paz no debe ser un privilegio, cada quien debe poder ser libre, mostrar su forma de ser y existir, sin tapujos, eliminando esos discursos de las elites donde toman protagonismos y hacen que el camino de la paz se vea como un objetivo y a su vez imposible para alguien que no posee sus mismos privilegios, por qué debemos dejar de pensar que la paz solo es merecedora y camino de unos pocos. Esta debe ser una luz que todxs puedan tener la oportunidad de elegirla, que cubra el país y llegue a las ciudades, barrios, parques, el pueblo y hasta con la misma naturaleza. Algo es claro, Colombia no saldrá fácilmente del mar de violencia en el que está, pero podemos como Juana la Tejedora empezar a caminar y construir una nueva Colombia desde donde habitamos y quienes somos. Con ustedes, una vez más, Fogarada Violeta.


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