La silla vacía: ¿Nueva tradición colombiana?
En muchos escenarios hemos tenido que evidenciar la prepotente ausencia del estado. Prácticamente lo vemos todos los días, en el avance sistemático de homicidios, las terribles condiciones sociales y económicas que azotan cada espacio de nuestro país, pero es aún más notoria en aquellos espacios donde por medio del diálogo se quiere llegar a un acuerdo en el que realmente sea garante de una reestructuración a todo ello que afecta la calidad de vida. Este, como muchas otras veces es el caso de la “silla vacía” o no presencia del mandatario de Colombia el pasado 14 de octubre, a las mesas de diálogo y debate propuestas por las 33 comunidades y de los 7 pueblos indígenas filiales al CRIHU, originarios del Abya Ayala, bajo la razón de su lucha en la defensa por la vida, el territorio la democracia y la paz.
Desde abril del año pasado la ONIC (organización nacional indegena de Colombia) específicamente la CRIHU (asociación de autoridades tradicionales del consejo regional indigena del huila) quienes siempre han tenido desde sus objetivos políticos el compromiso social con todxs y cada unx de los ciudadanos. Desde el suroccidente colombiano, donde residen actualmente estas organizaciones donde no solo conviven indígenas, sino también afrocolombianos y campesinos, han presentado diferentes solicitudes para un debate con el presidente, el cual se ha negado rotundamente en varias ocasiones y desde ahí, no se evidencia ninguna mejora en la situación, por el contrario cada día empeora aún más.
Posteriormente, el 12 de octubre del año en curso la organización CRIHU hizo público un comunicado en el cual le informaban al estado su decisión de dar inicio a la Minga social y comunitaria, que desde sus conocimientos ancestrales es la significación de trabajar, compartir, ayudar y avanzar desde sí mismos. En defensa del territorio y reivindicación de sus derechos además de reafirmar su participación en las movilizaciones que se darán este 21 de Octubre en el marco del paro nacional.
El documento consta de un pronunciamiento estructurado, en el cual le piden al gobierno nacional respuestas, atención y acción ante la crisis humanitaria de genocidios, etnocidios y feminicidios; garantías en la reforma agraria integral y participación activa en los planes de desarrollo, además del respeto y apoyo a la protesta social.
Las rutas propuestas se trasladaban por la vía panamericana Armenia, Quindío; con destino a Cali, donde se llevaron a cabo los espacios para asistir al debate político, momento que jamás se dio, puesto que dos veces se envió la invitación y tiempo prodigio para esperar al mandatario quien no se pronunció ni tampoco llegó, pareciese que en Colombia este tipo de actos ya fuesen comprendidos como una “respuesta”, tanto así que se volviese una tradición. A raíz de ello, se propuso encaminar la ruta hacia Bogotá con miras a que mediante la insistencia y Resistencia se logre finalmente concretar una ruta de atención a todas aquellas peticiones necesarias para la pervivencia de las comunidades.
En este sentido, recalcamos la importancia que tiene el reconocimiento de estas organizaciones, no solamente por el derecho que tiene cualquier ciudadano a una vida digna y respetada, si no porque son aquellxs que procuran mantener vivo el territorio, aquel del que todxs vivimos interconectados y subsistimos por su cuidado y trabajo. Así mismo, tenemos la responsabilidad de que este tipo de desplantes no se trivialicen pues los conflictos internos, políticos y sociales que afecten la estabilidad y la identidad cultural tienen responsabilidad directa al estado, quien debe ser garante de esto en todo momento.
Esperamos que acorde al proceso que se dé este miércoles, en el marco de las movilizaciones no únicamente se brinde un espacio verdadero de diálogo, si no que, se acuerde la creación de un correcto conducto regular para el acompañamiento de estas comunidades, así como la acción del estado para desmontar los grupos paramilitares armados que hacen incidencia violenta, amenazando, asesinando y afectando la conexión de vida y territorio.
Para concluir, manifestamos que cualquier causa que involucra la interrupción de la paz, la defensa de la tierra y la vida de miles de personas que se dedican al respeto de estas, debe ser reconocida, respetada y atendida dentro del marco de solicitudes fundamentales para una reivindicación duradera y certera.

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