Tiemblen, las brujas están de vuelta.
“Si una mujer se atreve a curar sin haber estudiado, es una bruja y debe morir.”
Año tras año, las mujeres hemos sido invisibilizadas de múltiples formas, tratando de quitar de nuestro ser la autonomía de decidir y actuar en diferentes aspectos y escenarios de la vida cotidiana.
Muchos testimonios y textos hacen referencia al aborto en la época de la Colonia, pues tras la esclavitud está práctica propiamente de la mujer, empezó a fortalecerse de una forma inimaginable, pues muchas estaban completamente seguras que el aborto era la única forma de salvar la vida de un ser que estaba destinadx a ser esclavo por muchos años y tal vez morir estando al servicio de una familia privilegiada.
Estas mujeres aún tenían el poder de decidir sobre sus cuerpos, (era en lo único que tenían autonomía) y desarrollaban toda esta práctica abortiva con plantas medicinales que ayudan a generar el sangrado suficiente (hemorragia) para detener la formación del embrión.
Quienes acompañaban estos procesos eran llamadas “mujeres sabias” pues sus saberes ancestrales eran muy fuertes y universales. Las plantas eran sus más grandes cómplices no sólo en abortos, sino también en partos y diferentes enfermedades de la época.
Estas prácticas han atentado constantemente contra el desarrollo “normal” del sistema capitalista y claramente también patriarcal, pues sus proyectos de expansión se ven amenazados sin la existencia de una generación que contenga una mano de obra certificada fuerte, es por esta misma razón que las iglesias (mayormente católicas) enfocan su discurso moral en contra del aborto, pues es de esta manera que pueden seguir inmersas en el sistema, sin verse afectadas económica y socialmente, manteniendo su poder dentro del statu quo, poder que históricamente han usado para asesinar a la población vulnerable y violar niñxs y mujeres, sí todo en nombre de un dios.
Gracias a estas discusiones pro vida y moralistas la persecución a estas mujeres sabias incrementó, hasta que en la modernidad y con la revolución científica todos estos saberes ancestrales fueron eliminados y con estos a todas las mujeres que mantenían una conexión profunda con las plantas medicinales y las vibraciones de nuestros cuerpos, anulando completamente cada uso que se le atribuía a cada planta. Sustituyeron las plantas por químicos, la herencia por diplomas académicos.
Es entonces que a la mujer se le arrebata su único poder decisorio y no contentos con esto, en la academia también se niega la presencia de mujeres y es aquí donde miles de disputas empiezan a cobrar fuerza y por supuesto cobran más sentido, pues nos querían arrebatar todo, hasta nuestras vidas.
Existe un desconocimiento profundo del cuerpo femenino, en un contexto en el que la mayoría de las mujeres no saben lo que son los emenagogos (hierbas para provocar la menstruación) y se encuentran con una serie de trabas para acceder a los servicios reproductivos más básicos.
Si las mujeres no tienen la libertad de decidir si quieren o no reproducirse, entonces están sujetas a la deshumanización más brutal ya que se asume que su cuerpo “no les pertenece”. Aún falta mucho para que podamos garantizar la autonomía corporal que se nos negó por tanto tiempo a las mujeres, pero decididamente vamos en esa dirección. Debemos generar una solidaridad entre nosotras para unificarlos bajo un objetivo común: preservar la vida y el bienestar de todas. Fogarada Violeta, las invita a que como las “brujas” de la Antigüedad, compartamos nuestros conocimientos, que en la juntanza logremos tejer redes y fortalecernos unas a otras.
“A partir de ahora sus úteros se transformaron en territorio político, controlados por los hombres y el Estado: la procreación fue directamente puesta al servicio de la acumulación capitalista”silvia Federici-Calibán y la Bruja.

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