Trenzando resistencia, libertad y cultura.




El primer pueblo libre de esclavos en América, San Basilio de Palenque, hoy en día Patrimonio de la Humanidad es el lugar de donde vienen las Palenqueras, mujeres que llevan el sello de su vestimenta colorida, la olla en su cabeza con los frutos del Caribe colombiano y una sonrisa acompañada de amabilidad que encanta a todxs lxs turistas del centro histórico de Cartagena de Indias. 


Sin embargo, la admiración a las mujeres de San Basilio de Palenque va más allá de esto que las hace un referente turístico de nuestro país. Para nadie es un secreto que los cuerpos de las personas negras han sido racializados históricamente, resultado del colonialismo y de la vivencia de la discriminación racial y sexista que aún esta vigente. Las historias y raíces de las mujeres de San Basilio de Palenque amplían la reflexión y el conocimiento de la mujer negra como sujeto social y político, en donde la lucha contra el racismo y la violencia pasa de modo ineludible a través de los cuerpos. 


Pueblo que con su ingenio logró escapar del yugo esclavista, siendo en muchas ocasiones sus cuerpos el único medio para defenderse. De esta forma, el cabello jugó un papel fundamental permitiendo por ejemplo, que los esclavizados que huían de las minas o de las haciendas tejieron rutas para referenciar puntos como los  escondites del oro con el que podían comprar su libertad y de las semillas que utilizaban para sembrar huertos. 


Hoy en día, en la cultura afro, el cabello natural sigue siendo símbolo de resistencia; al tiempo que se peinan las mujeres generan lazos de amistad entre ellas y se fortalecen las relaciones de cuidado que median con las imposiciones de la industria estética. Es así que el cuerpo, cumple un papel clave para comprender las diferentes relaciones de dominación/resistencia que se establecen, en el cuerpo se rastrean las marcas del poder, pero así mismo los procesos de sanación de estas heridas. En San Basilio de Palenque, los peinados se concibe como un conjunto de formas y estilos, que ha constituido un significativo acto de resistencia cultural contra un discurso dominante y la industria estética, donde la práctica de los peinados ha tenido la capacidad de provocar un cambio social y desestabilizar la relación de poder entre grupos sociales, movilizando a los cuerpos a apropiarse de los significados y darle sus propios sentidos. Las mujeres al tiempo que se peinan, comparten historias, y generan complicidades, en muchos casos a partir de las violencias que han vivido en la comunidad de diferentes maneras.


Siendo esta una muestra de cómo la memoria está latente, en cada peinado, cada canto, gesto y movimiento que conforman un medio comunicación por medio del cuerpo, donde se habla a través de los peinados, siendo las mujeres las protagonistas de este oficio, que además de ser un medio para alcanzar su libertad, es el medio de muchas para sobrevivir. 


Por último quisiera decir que esta columna la redacto llena de admiración a este y todos aquellos pueblos que son un símbolo de resistencia y, en especial a estas mujeres que con sus luchas son ejemplo para todxs nosotrxs, ellas constituyen una forma de descolonización, de resistencia a los modelos estéticos occidentales, un marco de identidad étnica y espiritual. 

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