La capucha como cuidado colectivo desde la resistencia popular.





"Si quieren saber qué rostro hay detrás del pasamontañas, es muy sencillo: tomen un espejo y véanlo" Subcomandante Marcos 1994. 


Terrorismo camuflado tras una capucha, tiende a ser una de las afirmaciones realizadas no sólo por parte del cuarto poder (el cual sostiene al sistema capitalista-patriarcal), sino también por aquellxs transeúntes que son testigos fieles de las luchas y resistencias en la movilización social. Pero alguna vez nos hemos preguntado ¿Cuál es el verdadero sentido de la capucha? ¿Por qué la capucha es tan fuerte en América Latina?


Justamente, en Enero de 1994, el EZLN sale en colectivo cubriendo sus rostros con pasamontañas, dejando como precedente con este acto que son los rostros olvidados por el estado, aquellos que han sido invisibilizados y violentados por medio de prácticas sistemáticas. 


De esta manera, el uso del pasamontañas o capucha contiene un gran significado político y por tanto su incidencia en las resistencias y luchas sociales contiene un alto grado de resignificación política y por ende personal, donde ya no sólo nos cubrimos los rostros como medio de protesta por el olvido estatal, sino también porque debemos protegernos de la violencia sistemática que ejerce el mismo. 


Uno de los argumentos godos que utilizan los medios hegemónicos y así mismo los partidos políticos de derecha es que esta capucha es sinónimo de cobardía, es sinónimo de terrorismo y vandalismo, logrando así estigmatizar el uso de la misma. Decimos que es un argumento godo porque históricamente la resistencia popular se ha tratado de violentar y de esta manera invisibilizar por medio de la estigmatización, en donde se le da prevalencia a asuntos superfluos sobre asuntos de fondo como lo es un asesinato, una violación, desaparición, etc. 


La capucha ha sido, es y será una manera de cuidarnos colectivamente, una forma de propender por las relaciones horizontales como lo mencionaba el Subcomandante Marcos, donde no se jerarquiza la palabra y mucho menos la acción, pues somos nosotrxs quienes protagonizamos las revoluciones y entre nosotrxs nos cuidamos y protegemos tanto del olvido estatal, como de la violencia capitalista-patriarcal. 


En Chile la capucha dio origen a una gran disputa actual, en Chiapas ha mantenido toda una organización horizontal, fuerte y feminista; en Argentina mantuvo todo un movimiento estudiantil compacto y en toda América Latina las mujeres hemos adoptado como propia la capucha, como símbolo de lucha, poder y resistencia popular y feminista, porque somos y seremos un rostro colectivo. 


No permitamos que nuestras prácticas de cuidado y disputas políticas sean estigmatizadas y desaparecidas con violencia, porque es desde allí que seguiremos juntxs respondiendo de frente a las vulneraciones sistemáticas por parte del estado. 


En nombre de quienes ya no están, de quienes dieron hasta su vida misma por materializar aquella utopía de un mundo nuevo, por quienes salen y tardan en llegar, por ustedes y por nosotras sigamos en juntanza desde nuestros afectos, pero también desde nuestras certezas y convicciones políticas. 




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