Por la papa, por la tierra.
La papa, uno de los alimentos de mayor arraigo en nuestro país y uno de los más consumidos en el mundo, es hoy el foco de una crisis que afecta a nuestrxs campesinxs. En donde una vez más podemos evidenciar las consecuencias de la pandemia Covid-19 y los estragos de los tratados de libre comercio desde la apertura económica de Colombia en los años 90’s.
Mientras en los hogares Colombianos se consume papa traída desde Bélgica. En las últimas semanas las carreteras de Boyacá se han llenado de campesinos tratando de vender los bultos de papa a cualquier precio, con tal de tener una mínima ganancia y que la comida no se pierda. Pero ¿Cómo llegamos a este punto?
Como ya se mencionó los tratados de libre comercio han hecho que se importen toneladas de papa de Europa, lo que ha hecho que el producto nacional no valore, ni consuma. Un acuerdo bastante ilógico teniendo en cuenta la capacidad de las tierras colombianas y el compromiso y amor de lxs campecinxs al cultivar.
Por otra parte, para cultivar papa se necesitan diversos recursos, desde las manos, amor y tiempo hasta la compra de abonos y otros materiales que mantengan el cuidado y crecimiento sano del cultivo. Particularmente estos últimos tienen precios elevados, lo que incrementa la inversión del campesinx para producir al menos un bulto, en muchos casos solicitan préstamos en bancos creyendo que al vender su producto podrá pagarse.
Lxs campesinxs aseguran que su última alternativa es ir con sus bultos de papas para intentar venderlos al costado de la autopista. Sin embargo, explican que no les deja mucha ganancia: hace un mes un bulto podía valer hasta $50.000, mientras que el precio de ahora se sitúa en $8.000.
El gobierno Colombiano se comprometió a subsidiar una parte del bulto, pero los campesinos aseguran que deben mostrar factura, y vendiendo en la calle no tienen la facilidad de realizar una que les permita pedir el dinero, que además continúa siendo insuficiente, muchxs aún no comprendemos cómo es posible que en nuestro país se importe un producto que se da a nivel nacional.
Es por esto, que una vez más nuestrxs campesinxs requieren del apoyo de todxs lxs Colombianxs, debemos hacer valer nuestros productos, el trabajo de lxs campesinxs, los trabajadores y hasta a lxs campesinxs que les compramos el lichigo. Nuevamente el pueblo tiene que verse salvo por sí mismo, quizás sea complejo, pero no imposible. Todas las formas de ayuda son bienvenidas, desde masificar en redes sociales los contactos hasta acercarse y comprar el producto a un precio justo.

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