Por la vida y por la paz.
“No quiero que llores, no quiero que sufras, Colombia. No quiero más guerra, fuera los cañones, Colombia. No quiero más llanto, desapariciones, Colombia. Muerte mucho menos, Colombia”
Este domingo, tras casi 10 días de “la peregrinación por la vida y por la paz” centenares de excombatientes de las FARC de distintas regiones de Colombia acompañadxs de organizaciones y ciudadanxs, se concentraron en la Plaza de Bolívar con el fin de exigir al gobierno garantías de seguridad, haciendo un llamado contra la violencia que persiste en los territorios, insistiendo de esta manera en la correcta y garante implementación de los acuerdos de paz.
La paz aún es inconclusa y la guerra nos sigue arrebatando vidas. Desde la firma de los acuerdos de paz, que no supuso el fin de la violencia, han sido asesinados 236 excombatientes, poniendo nuevamente en análisis la responsabilidad y la nula voluntad política del estado Colombiano en el avance de los procesos de paz en nuestro país.
Es necesario hallar el verdadero camino de la paz, más allá de las diferencias de carácter ideológico, político o religioso, ya que al final todxs somos seres humanos, sujetxs de derechos, por tanto merecemos el mismo grado de respeto y amor. Somos conscientes que el camino de la Paz en Colombia es complicado, en algunos momentos la esperanza parece reducirse más y más, y las cifras ya expuestas lo demuestran, pero reiteramos lo necesaria que es esta lucha.
Una de nuestras características más humanas es el sentir, ya sea dolor, felicidad, angustia, miedo, asco, etc. Es la fuente de la gran mayoría de nuestras acciones, que algunas veces van encaminadas hacia el bienestar colectivo sin discriminaciones, viendo y abrazando los rostros desde el amor y otras hacia el bienestar individual o limitado por el asco a la diferencia. Así pues ¿Lxs Colombianxs desde dónde nos movemos? ¿Desde dónde nos permitimos sentir y actuar?
Por ahora, sólo encontramos respuestas dolorosas, aún desde lo cotidiano encontramos discursos desde el asco, cegados por el miedo al cambio, al encontrarse con formas de ser y existir diferentes a las hegemónicas. Pero ¿Qué pasaría si nos quitamos esa venda/miedo? Si viéramos la humanidad del otrx, esos ojos tan iguales y diferentes a nosotrxs, esas caras que nos han vendido como enemigxs.
Así como nos canta Marta Gomez, una vela en este caos que nos quita vidas y nos aleja de la paz; “Creo en la fuerza de una mirada”, creo que llegará un momento en el que los “buenos” y los “malos”, ya no existan, sino sólo humanos, donde todas esas mentes que se empeñaban en crear formas de destruirnos, vean el dolor que han causado y su magia creadora sea para seguir aportando a esta lucha.
Todas estas palabras suenan utópicas y quizás lo son, pero ¿Qué sería de la vida si no pensaramos en un mundo menos peor? seguramente todas esas formas antiguas de opresión hacia lxs habitantes del sur seguirán vigentes. Así pues es preferible pensarnos una paz imperfecta, que aún continuamos pariendo a un futuro donde la violencia nos siga matando.

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