¿Sumisas y calladas? ¡Ya no más!

 




Hace décadas y en distintos lugares del mundo en alrededor de 29 paises de Oriente medio, Africa, el Sureste Asiatico y sorprendentemente en algunas zonas de Colombia se realiza la ablación tambien conocida como mutilación genital femenina o “Corte del callo”. Básicamente consiste en arrancar u extirpar las partes exteriores de la vagina con un cuchillo caliente, es un acto tortuoso contra las mujeres, así mismo es una práctica ancestral con distintos significados dependiendo del territorio, pero algo sí es claro y quizás repetitivo; es un acto de “purificación” y decretar la “santidad” de estas mujeres. 


Este procedimiento genera distintas consecuencias negativas como el dolor insoportable, hemorragias, infecciones, complicaciones en el parto, esterilidad y hasta la muerte como se evidencio en 2007 con una niña de la comunidad Embera tras realizarle el “corte del callo” y contraer una infección tan fuerte que desencadenó al infame destino.


En el caso de las Embera el significado o por que se realiza esto toca distintos puntos, por un lado es sinónimo de “curación” o santidad, ya que el corte permite ver a las mujeres como fieles a un solo hombre, además se tenía la creencia de que si no se le practicaba a las niñas mas adelante les crecerá una protuberancia ahí, algo similar a un pene.


No es un secreto que las comunidades indígenas han sido vulneradas de distintas maneras por distintos actores sociales y en el caso de las mujeres la violencia se duplica, ya que las dinámicas patriarcales han roto casi todas las fronteras culturales y se han insertado violentamente para perjudicar a las mujeres. Aunque después de varios debates e investigaciones se dedujo que esta práctica no era propia ni tradicional de las embera, por lo que fue traída por los europeos con el mismo discurso y simbolismo machista que permanece en estos tiempos. 


Se estima que cerca de tres a cuatro niñas fallecieron al año por esta “curación”, han tenido que llegar a límites para que se busque eliminar la mutilación genital femenina y consigo dejar estas costumbres dolorosas que limitan y violentan a las niñas y mujeres de la comunidad.


“Llevamos desde el año 2007 buscando nuevos procesos para el fortalecimiento de nuestras niñas, y ya es hora de decir, ‘no más a la práctica de la curación''' dice
Norfilia Caizales, consejera del CRIR.


A pesar de que se reconoce a la mujer Embera como la creadora y quién transmite su propias prácticas, saberes y hace perdurar la cultura han tenido que luchar y resistir contra los propios hábitos machistas que les afectan y violentan en el día a día. Una muestra más de cómo la juntanza entre mujeres nos da fuerza y poder contra todo lo que nos calla y violenta.


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