Luchas y resistencias de lxs Presxs Politicos










Actualmente la situación del sistema carcelario en Colombia es paupérrima, al inicio de la vigencia del 2020 el Instituto Nacional Penitenciario y carcelario (INPEC) cuenta con más del 55% de hacinamiento, teniendo una población de 124.188 privados de la libertad (PPL), para 80.156 cupos, generando tasas de hacinamiento que superan el 365% en algunos centros de detención. Por otra parte la calidad de atención primaria y acceso a servicios especializados en salud es deficiente, no hay espacios de esparcimiento y resocialización, finalmente la estructura es obsoleta por falta de mantenimiento. 


En Colombia la cifra de Presxs Políticos está en 7.000 y va aumentando. Entre los presxs políticos existen tres grupos; el primero está relacionado con las personas que participan directamente del conflicto armado y que son miembros de grupos insurgentes, el segundo son aquellxs que viven en las zonas en las que estos grupos tiene presencia y que normalmente son acusados de pertenecer a grupos insurgentes, sin embargo, la mayoría de la veces son campesinxs o indígenas que están en su territorio y en tercer lugar, como grupo más numeroso están los dirigentes sociales y sindicales, defensores de derechos humanos y políticos de la oposición. 


Así, el tratamiento penitenciario que se les da a las personas recluidas en establecimiento penitenciarios por delitos políticos, está condicionado por el reconocimiento o no del conflicto armado interno y de los mismos como actores políticos o enemigos, en consecuencia se convierte en una estrategia política, una estrategia de guerra que se usa convenientemente según los objetivos que persigue el gobierno de turno. 


Frente al preso político, en Colombia se han utilizado dos estrategias en los centros de reclusión que llaman la atención pese a su inexistencia en el discurso, es decir; se niega el conflicto armado interno y el delito político lo que resulta particularmente curioso pues en las cárceles y penitenciarias se invisibilizan y se rechazan a los presxs políticos.  


La primera estrategia consiste en el aislamiento de los presos políticos de los demás presos, esto se evidencia en la Reclusión de Mujeres el Buen Pastor donde las internas que están sindicadas o condenadas por los delitos políticos se encuentran recluidas en el patio N° 6; normalmente, las internas de la Reclusión tienen la posibilidad de salir de su respectivos patios entre las 8 de la mañana y 4 de la tarde, tiempo en el cual hacen uso de los espacios que la prisión tiene para ellas: el área de educativas, los espacios laborales, de desarrollo ocupacional, deportivos y religiosos. Sin embargo, las presas políticas no tienen acceso a estos espacios dado que son consideradas como personal de “alta peligrosidad” para las demás internas, pese a que los niveles de violencia, hurtos y agresiones personales son nulos al interior de este patio. 


Por otra parte, la segunda estrategia, contraria a la primera se basa en el desmonte de los patios donde se encuentran los presos políticos y su desagregación al repartirlos en diferentes patios de los establecimientos penitenciarios y carcelarios, comúnmente donde se encuentran recluidos paramilitares, argumentando la necesidad de promover la convivencia en los penales, pese a las recomendaciones de la Corte Constitucional en el sentido que los presos políticos y los paramilitares deben permanecer separados.


El posible desarrollo de las dos estrategias agrava la situación de lxs presxs políticos en el país pues se exponen dos situaciones; la primera es la implementación del nuevo sistema carcelario y la segunda es la militarización de las cárceles; situaciones que si bien no fueron creadas en contra de los internos recluidos por delitos políticos, si los afecta de manera específica al entender la cárcel como un espacio de continuación del conflicto, basado en el desarrollo del derecho penal del enemigo.


En Colombia muchos presxs políticos han tenido que sufrir aislamientos prolongados y situaciones críticas de derechos humanos y en algunos casos han tenido que soportar que se les coloque en los mismos espacios que a los presos paramilitares, lo cual supone un riesgo altísimo para ellos, sobre todo porque los paramilitares tienen el apoyo de la guardia e incluso a veces de la dirección de las cárceles para atacar a los presos políticos, en ese sentido la lucha de lxs presxs políticos siempre está presente. 


Desde este punto la cárcel para lxs presxs políticos se convierte en la pena del silencio, del aislamiento, se convierte en la cárcel de la memoria donde el conflicto se traslada a un espacio reducido e interno del cual sólo da cuenta el agente represor.




Alvarado Bustos, B. (2012). De altruistas a terroristas: análisis al tratamiento penitenciario a los presos políticos. Caso Bogotá / Análisis del tratamiento penitenciario de los presos políticos. Caso Bogotá



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